Los Trabajos de Persiles y Sigismunda, edición de 1799

Los amantes de la literatura normalmente desconocen lo que guardamos a buen recaudo detrás de las novelas de bolsillo, enciclopedias un tanto desactualizadas o cómics de Mortadelo y Filemón que tenemos en la primera línea de batalla del Chambo.  

No son pocas las ocasiones en que llegan a nuestras manos piezas tan especiales como las que presentamos en este post: una edición del año 1799 del segundo libro de Los Trabajos de Persiles y Sigismunda de Miguel de Cervantes.

Los trabajos de Persiles y Sigismunda, publicada en cuatro libros en 1617, es la última obra de Miguel de Cervantes. Ésta pertenece al subgénero de la novela bizantina y, como era habitual en este  tipo de novela, narra un conjunto heterogéneo de peripecias que incluye las aventuras y separación de dos jóvenes que se enamoran y acaban encontrándose en una anagnórisis al final de la obra. En ella, Periandro y Auristela (que solo tras el desenlace en matrimonio cristiano de la novela adoptarán los nombres de Persiles y Sigismunda), príncipes nórdicos, peregrinan por varios lugares del mundo para acabar llegando a Roma y, finalmente, contraer matrimonio.

Con este relato, Cervantes intentó construir una obra narrativa cuyo género, a diferencia del Quijote, sí estaba avalado por la práctica de la literatura clásica; de este modo se partía de un modelo narrativo que recogía las preceptivas literarias neoaristotélicas renacentistas.

Este libro se produjo en la imprenta de Fermín Villalpando.

Fermín Villalpando (1766 – 1829) fue un impresor al servicio de los hombres de letras y los libreros-editores del Madrid de su tiempo. Durante su carrera, que se extiende entre el reinado de Carlos IV, la Guerra de la Independencia y la restauración bajo Femando VII, Villalpando imprimió un total de 281 títulos diferentes, encuadrados en un variado conjunto de temas (pensamiento, viajes, poesía, teatro, clásicos españoles, medicina, derecho, religión), que reflejan las modas culturales, los vaivenes políticos y la incertidumbre social de estas décadas.

El 2 de marzo de 1815, Villalpando fue nombrado impresor de cámara de S.M., por lo que Fernando VII le concedió «los honores y uso de uniforme de impresor de cámara con las prerrogativas que le son anexas… en atención a sus méritos y buenas circunstancias».

Entre los autores que publicó la imprenta de Fermín Villalpando cabe distinguir entre españoles y extranjeros pues hay una fuerte predominancia de escritores nacionales. De los españoles, el 94 % son autores contemporáneos, frente a un escaso 6 % de autores que podríamos denominar “clásicos”. Entre éstos últimos destacan Francisco de Quevedo y Miguel de Cervantes. Significativamente, de Cervantes publica las Novelas ejemplares y los Trabajos de Persiles y Sigismunda, ambas en dozavo, y nunca El Quijote, prefiriendo sacar la continuación de Avellaneda, menos ofertada por esas décadas.

La imprenta que llevó su nombre publicó sus primeros libros en 1794 y mantendría su actividad hasta dos años después de la muerte del impresor, bajo la razón social Imprenta de la Viuda de Villalpando.

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